Publicado por Reuben Morgan on 11 May 2018

No tuve el tipo de infancia que la mayoría de mis amigos tuvo. Mientras ellos subían a autobuses para visitar los museos de la ciudad y aprendían a navegar dentro de los centros comerciales, Yo estaba explorando playas tropicales en botes agujereados y aprendiendo a no perderme en la selva.

Crecí en un pueblo costero del lado norte de Papua en Nueva Guinea. Era hermoso – a veces lo suficiente para dejarte sin aliento – pero la magia del lugar me hablaba más que por solo las puestas de solo y las playas de arena. Lo que más me asombraba a mi era la forma tan tangible en que Dios trabajaba.

Gracias a la paciencia del sacerdote Católico local y un misionero que arribó para trabajar con personas sufriendo de lepra, probé el poder de la música. Pero no solo por el fin de ella misma. Bajo su guía aprendí a amar la forma en que la música podía transportarme justo a la misma presencia de Dios.

Allí vi que no importaba que tan pulida o perfecta era la música – lo que contaba era el destino. Me sentaba con los ojos muy abiertos en las reuniones de la Iglesia, la única pálida familia blanca en una destartalada iglesia negra; no había mas instrumentos que esas poderosas voces isleñas martillando himnos como “Hay poder en la Sangre” y “El es Señor”. La Adoración era cruda y sin filtros y la presencia de Dios era lo suficientemente fuerte como para ponerte de hombros contra la pared. Allí fue donde aprendí que aun los botes llenos de agujeros eran suficientes para transportarnos a las maravillas de la selva.

Me encuentro a menudo pensando en aquellos días. Me pregunto que era aquello que hacia la diferencia. ¿Era la calidad de las voces, la falta de riquezas materiales o la historia espiritual del área? Me pregunto si no seria una mezcla de todas estas cosas y mas, colisionando para formar uno de esos “lugares fuertes” donde el espacio entre nosotros y Dios parece ser mucho mas angosto que en ningún otro.

Desde entonces he viajado a lo largo y ancho y he sido bendecido de encontrar muchos más de esos tiempos y he llegado a ver que mis primeras experiencias de adoración fueron grandiosas, pero no únicas. He estado en estadios y en barrios pobres donde la suma de la adoración es mucho más grande que las partes, y he llegado a amar aun más el sentimiento de exaltar fuertemente a Dios a través de nuestras alabanzas. Aunque los sonidos puedan cambiar y los ritmos ser de una variedad salvaje, es claro que todos estamos unidos por una misma verdad; que Jesus es la esperanza del mundo.

Dondequiera que vayas en el mundo encontrarás a cristianos adorando a Dios. Los escucharás ofreciendo sus alabanzas y dando declaraciones masivas sobre el poder de la sangre de Jesús, sobre la soberanía del Señor y el hecho de no haber esperanza más fuerte que El. A veces puede ser un poco sobrecogedor tratar de comprender los misterios de la adoración, pero ser recordados del poder de Dios no es algo malo.

Recientemente escribí una canción con algunos amigos y la llamamos “Esperanza del mundo”. De alguna manera me recuerda de aquellos días tempranos en Papua Nueva Guinea, sintiéndome un enano bajo las voces y siendo cautivado por el Espíritu de Dios en la habitación – exactamente de la misma forma que siento cuando pienso sobre lo que Dios ha hecho; pequeño y vivo, superado por el poder pero llamado a ir mas arriba y mas profundo.

La canción comienza en un lugar de asombro, hablando de la cruz y la esperanza del mundo. Pero entonces hay un cambio, un cambio de enfoque que se desliza. El coro nos recuerda que este Dios de nosotros es personal y amante tanto como grande y poderoso. Este Dios que servimos que conoció los golpes de los clavos en la cruz es el mismo que nos “llama a casa con brazos abiertos”

¿Cuáles brazos? ¿Los suyos? Nos hace bien el recordar que el mismo Dios que movió las estrellas, solo y firmamento a su lugar nos da la bienvenida con amor y brazos abiertos. Pero podrían ser nuestros brazos también, con Dios llamándonos a volvernos a el, a abrir nuestros brazos y ser verdaderamente vulnerables delante de el.


Romanos 15:13 nos recuerda que nuestra búsqueda de esperanza, gozo y paz debiera empujarnos en una sola dirección: la de Dios. Eso es lo que cuenta en la vida, ese es el viaje que en verdad importa

Cuando pienso una vez mas en mi infancia y la iglesia y los misioneros que estaban sacrificándose tanto por causa del amor de Dios, no solo me recuerdo de como se sentía la adoración, pero también de la forma en que aquellas personas Vivian. Ellos Vivian no solo como que Jesus era su única esperanza, pero sino también la única y verdadera esperanza de las personas a las que servían. Esa confianza en Dios los había enviado a miles de kilómetros de casa, los llevo a vivir con valentía y propósito y los llevo a la más grande aventura con Jesús. ¿Dónde te guiará a ti?

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