Publicado por Chris Tomlin & Andrea Lucado on 3 December 2018

¿Cómo suenan a menudo nuestras oraciones? Si realmente nos tomamos el tiempo de nuestro día para hacer una pausa y hablar con Dios, ¿cuáles serian nuestras primeras palabras? Lo más probable es que sean peticiones. La oración es a menudo más una lista de peticiones para nosotros que cualquier otra cosa. Y eso está bien. Jesús dijo que debemos dar a conocer nuestras peticiones, y la gente de las Escrituras claman a Dios una y otra vez. Pero ¿y si la próxima vez que oras, comienzas tu oración enfocándote en el carácter de Cristo?

Profundo en sabiduría, Perfecta paz,  Autor, maestro, Majestuoso Jesús, este eres Tu

Al simplemente enumerar quién es Jesús, el enfoque está en él (por al menos unos minutos) en lugar de concentrarnos en nuestra ansiedad sobre si Dios responderá a nuestras solicitudes cómo queremos que lo haga. Las Escrituras dejan claro dónde deberíamos centrarnos: "...corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante. Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe, quien, por el gozo que le esperaba, soportó la cruz, menospreciando la vergüenza que ella significaba, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios. Así, pues, consideren a aquel que perseveró frente a tanta oposición por parte de los pecadores, para que no se cansen ni pierdan el ánimo.”(Hebreos 12: 1-3).

Considera a él, dile, y al hacer esto no te cansarás y perderás tu animo. Si tu oración comienza declarando la sabiduría, la paz y la autoridad de Jesús, sus problemas serán claramente puestos bajo la cobertura de su sabiduría, paz y autoridad. Y tal vez podrás confiarle más fácilmente.

Nuestras oraciones contienen peticiones para nosotros tanto como contienen peticiones para otros. Pedimos perdón y pedimos orientación porque hemos pecado y nos hemos perdido. Nos sentimos empantanados por la vergüenza y la decepción. Esto es cuando necesitamos recordarnos más sobre el carácter de Jesús.

Rico en misericordia, Lleno de gracia, Eres mayor que la tumba, Has roto todas las cadenas.

Cuando repetimos la verdad de que Cristo nos ha liberado (Romanos 8: 1), que ha roto nuestras cadenas de pecado, que es rico en misericordia (Efesios 2: 4), que está lleno de gracia (Juan 1: 14), abrimos nuestros corazones nuevamente para ser amados por El. Y en ese amor recordamos quiénes somos: no los pecadores, sino los hijos de Dios cubiertos por Cristo.

Recordándonos a nosotros mismos quién es Jesús nuestros problemas y nuestra vergüenza se desvanecen. Se hace más grande porque El es más grande, El es mas justo. Cuanto más nos centramos en su carácter, menos nos centramos en nuestro dolor y podemos llegar a ser como El.

 

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